martes, 15 de noviembre de 2005

Un, dos, tres, ¡calabaza!

No por el Halloween, sino porque así me dice Guillaume: Pumpkin. Soy su calabacita. Jajajajaja, ¿no es tierno?

Al parecer la historia que tenía un romántico "The End" se convierte en un prometedor "To be continued..." Me encanta la idea. Su irrupción en mi vida me parece del todo esperanzadora. He tenido la fortuna de encontrar a personas muy valiosas en mi vida, en términos amistosos. Pero debo reconocer que en el asunto amoroso, más bien he perseguido a los torturadores. Por eso, encontrar a un hombre sincero y cariñoso se vuelve en verdad como encontrar la aguja del pajar.

Quizá como dice Pericles sólo me enamoro de "amores imposibles" (lo que sea que eso signifique). En este momento, me da exactamente igual la categoría en la que se coloca este nuevo romance. Sólo sé que se siente sabroso y que reconocí en esos ojos a una persona que vale la pena y la distancia.

Ayer, inesperadamente, me llamó por teléfono. Por supuesto, que hizo mi día. Las escasas expectativas que había puesto se han visto recompensadas con sorpresas. Empezamos a planear en breve algún encuentro, algún viaje juntos. Ánimas.

Los mantendré informados.

sábado, 12 de noviembre de 2005

Un francés, dos muertes y un renacimiento

Volviendo a la trilogía mística, retomo los temas. Un francés irrumpió en mi vida el viernes y logró revolverme los sentimientos y arrancarme un intenso enamoramiento. Y mientras yo me resguardaba en sus fuertes brazos y me sentía segura y protegida de la maldad mundana, una de mis mejores amigas perdió a su abuela y mi antiguo jefe perdió a su esposa.

Vamos renaciendo y muriendo a cada momento. Yo me encontré reactivando mis latidos y naciendo en un nuevo corazón más fuerte y valiente, más seguro y auténtico. Para Eduardo, hoy se cierra un capítulo de amor que marcó un matrimonio de varios años y la lucha reciente por conservar la vida, para no vivir la muerte de un romance. Para mi amiga, se va la primer mujer de tres generaciones que hoy le ceden por completo la estafeta. El peso que yace sobre sus hombros es grande, pero no es mayor a su grandeza de espíritu. Esa templanza que ha nacido con ella, gracias justamente a las muertes que han rondado su vida.

Lo único importante de recordar la muerte es justo valorar la vida. Saber que vas a morir en cualquier momento tiene que devolverte a la pregunta básica de cómo estás viviendo el momento presente. ¿A qué le otorgas tiempo, dinero, atención, sentimiento y pensamiento?

El miércoles acompañé a Guillaume (un francés, o El Francés) al aeropuerto y me sentí tan triste. De pronto, era una pérdida más. De nuevo, la vida me estaba obligando a dejar ir. Quizá todo se centra en eso, en tomar y liberar, pero cuesta mucho fluir tranquilamente con esta idea. Nuestros placeres y amores a veces, se nos escapan ineluctablemente de las manos y no queda más, que dar la vuelta y tomar el siguiente metro al resto de los días en adelante. No hay nada más huidizo que la propia idea de que podimos asir algo de manera permanente.

Me encuentro hoy en el umbral del renacimiento más importante de mi vida. He debido cambiar todo, incluso mi forma de mirar el mundo. He deconstruido todos mis paradigmas para reinventarme. Soy la misma y soy distinta. Hoy también se abre la posibilidad de abrir las puertas y las ventanas a un ser que me ha devuelto la vida.

Renacer cada día, vivir este momento como el último... sólo eso.

lunes, 31 de octubre de 2005

Mi último recurso de magia

Quisiera que fuera una varita mágica al estilo de Harry Potter, pero ese tipo de magia sólo existe en los cuentos y las películas. Sin embargo, algunas chispas de belleza me generan a mí la sensación del milagro cotidiano.

Saltimbanco. Cirque du Soleil. Colores, música en vivo, voces gloriosas, payasos, brincos, malabares, cuerda floja, pelotas, baile. Soy de nuevo la mirada de un niño asombrado. Esto es la magia en mi mundo.

miércoles, 12 de octubre de 2005

El Cigala, el dolor y un dios cuántico

Si se me olvidó que te olvidé, hoy justamente me acordé. Porque el dolor se enfrenta con canciones y se canta con voz de flamenco. A veces, sí, se llora con lágrimas negras, una tristeza profunda y añeja, aquella que se deslava pero nunca se borra.

Después de sentir que mi día se compone de horas-llanto, me sorprendí atascada en medio de una larga fila de autos que no avanzaba porque el día citadino se constituye de horas-lluvia. Agua incesante en mi mirada. Vengo de un lugar del alma donde no se termina la caída: el tormentoso sillón de terapia. Es como un potro de tortura a donde se asiste voluntariamente y se paga con mucho gusto.

No era precisamente el día más animado cuando despegué los párpados. Evidentemente, se convirtió en un día más gris después de pasar dos horas berreando. Luego, transitar la ciudad me martirizó. Como quiera, tenía agendado un concierto y tomé fuerzas de alguna memoria musical.

Llegué tarde, como es costumbre, pero esta vez no por mi culpa. Diego, El Cigala, ya tenía tomado el Auditorio, gobernando con su canto rasposo que por momentos me engañaba por la mixtura de ritmos cubanos. Casi quise reír, casi estuve a punto de bailar, pero ese casi nunca se pudo concretar por saber que cantar así, duele. Luego nos colocó en el mismo baúl, a México y al talentoso Bebo Valdés, para que “Dios os guarde”. A México y a mí, hay días en que parece que su dios más bien nos abandona. ¿O será que nos guarda tan bien que se olvida donde nos puso?

Mientras bebíamos un vino tinto sobre una mesa a cuadros rojos, levanté la mirada y te vi a una corta distancia. ¿Qué te importa que te ame si tú no me quieres ya? Escuché una canción lastimera mirándote a los ojos y hoy no he podido olvidar cuanto te amé aún en la despedida. Hoy no estás en este sitio, y los dos sabemos que asististe algún día en esta misma coordenada geográfica a mi lenta destrucción. Aquí mismo, sobre estos mismos platos y en estas mismas copas, nos leímos las esperanzas rancias de un futuro imposible. Esta noche, mis amigas pueden creer que te has ido y yo no alcanzo a entender porque no has querido quedarte. Esta noche, sólo somos nosotras y una niebla del riachuelo amarrada al recuerdo, “nunca más volvió, nunca más le vi”.

Para amenizar las nostalgias con café, no podíamos más que recurrir a dios. Al tema, al concepto, al absurdo, al ideal, a la expectativa. Y si hay dios, un dios cuántico que no está separado de nosotros, entonces el piano hermano del Cigala, mis lágrimas negras y tu bien paga’a conciencia habitarán el mismo espacio de música hasta la eternidad. Se me olvidó que te olvidé, a mí… a mí que nada se me olvida.

jueves, 29 de septiembre de 2005

Anti hoy

Hoy no me siento bien. Hoy siento pocos ánimos. Hoy no quiero que sea hoy.

¿Qué día es hoy? Cualquier día en la lucha desesperada por salir de la catástrofe. Ya no floto entre los escombros, pero la reconstrucción todavía no toma forma ni sentido. Me preocupo, pero al parecer, no me ocupo lo suficiente. ¿Cuánto es suficiente? ¿Cuántos asuntos paralelos podría resolver sin perder la cordura y sobre todo logrando cabalmente solucionarlos?

Hoy me niego a ir al dentista, me rehuso a tomar hormonas, no quiero visitar al nutriólogo, al psicólogo o a cualquiero otro especialista. Me niego a ir a otra entrevista de trabajo, me niego a ponerme a prueba, me niego a ser políticamente correcta.

Quizá hoy tengo miedo de mañana.

martes, 20 de septiembre de 2005

No le encuentro gusto a despertar

Me gusta estar despierta. Me fascina dormir. No me gusta despertar.

Ese último minuto en que transcurro del sueño a la vigilia me provoca serios conflictos. Siempre he afirmado que me cuesta mucho trabajo despertar temprano, pero es mentira: me cuesta despertar en cualquier momento del día. Prefiero seguir durmiendo, como decía Emmanuel.

Hoy pensando en eso, llegué a la siguiente conclusión. Si mi madre siempre se ha despertado de malas, entonces despertar siempre ha sido un tormento para la familia. Si cada mañana había un pleito, ¿quién querría despertar?

Mi familia siempre ha dicho que soy ave nocturna y parece que me la creí. En efecto, mi lucidez se incrementa proporcionalmente al ocultamiento del sol. Me gusta la noche, me gusta desvelarme. Pero ¿en qué medida no son más que hábitos sin ninguna relación con mi supuesta esencia, si es que hay tal? A final de cuentas, nuestra personalidad está conformada por un cúmulo de experiencias que la moldean. Así pues, puede ser que yo no fuera noctámbula sino que fuera habituándome a vivir de noche por algunas circunstancias. Luego a fuerza de repetición me creí el cuento.

Salir de las costumbres y abandonar los viejos hábitos parece una tarea más que épica, casi imposible. Una vida entera haciendo las mismas cosas, queriendo a las mismas personas, relacionándome del mismo modo, durmiendo y despertando en la misma posición. El cambio de paradigma implica hoy desapegarme de las costumbres añejas y dar paso a nuevas actividades.

Probablemente tengo que desacostumbrarme a sufrir. Por que claro que es una costumbre y se ha convertido en una forma de vivir, de asumir el mundo, de afrontar la existencia. ¿Cómo le aclaro a mis neuronas que era simplemente una conducta aprendida, pero prescindible?

Hoy puedo despertar a un día luminoso sin gritos ni enojos. El día ilumina mi ventana sin cortinas y puedo respirar libre. Lo que sucederá después es completamente mi elección, sin imposiciones, sin reclamos, sin órdenes. Hoy despertar puede ser lo mejor que me suceda y la certeza de que todo en adelante es posible. Despertar, abrir los ojos, mirar la luz, sentir calor, respirar profundo, vislumbrar futuros, concentrarme en la sensación de estar viva un día más.

Hoy quiero que despertar sepa a mole poblano, a cielo abierto, a sonrisa sincera. Hoy quiero que abrir los ojos me recuerde las palabras de mis amigos, las abrazos de la familia que me resta, las notas de la música que disfruto, la emoción loca de un beso, el sabor del vino tinto.

Hoy quiero despertar después de un letargo de más de veinte años. Hoy quiero salir de la noche oscura de la tristeza y el dolor para mirar como sale el sol de la alegría y la paz.

Despertar... ¡DESPERTAR!

¿Viva México?

El 15 de septiembre es el día para festejar nuestra independencia. Me detengo dos segundos en la calle de Madero a dos cuadras del zócalo y me percato de que no hay motivo para festejar. Los mexicanos y mexicanas de diversas edades encuentran el motivo perfecto para probar que nuestra idiosincracia se sustenta en chingar al otro. ¿Cómo diablos pretendemos salir adelante como nación si el deporte nacional es chingar? ¿Cómo pretendemos crecer si somos una desbandada de adolescentes sin el menor respeto por el otro?

¿Suena radical? Lo es, pero así es la mentalidad de nuestro pueblo. Entiendo que no podemos ser primer mundistas, entiendo que no somos ni mínimamente europeos, pero me desespera que seamos tan abiertamente cavernícolas.

Me explico mejor. Se me ocurrió la muy estúpida idea de meterme al zócalo de la Ciudad de México en 15 de septiembre. Poco preparada para la barbarie, me sorprendí en medio de una guerra de espuma. El conflicto no es que algunos se diviertan rociando espuma a otros, el problema no es que algunos entiendan ese juego como divertido. Es probable que lo sea, lo admito. Lo que me parece terrible es que no haya el menor respeto por aquel que no entra en el juego.

Más de una vez descubrí el fuego maligno en los ojos de los asistentes que creían sumamente chistoso rociar espuma a niños, familias, turistas o descuidados sin otro objetivo más que CHINGAR. Por no mencionar, que la hilaridad se centraba en arrojarlo a la cara y a quemarropa. Me sorprendí mucho cuando un sujeto roció a mi tía cuando salíamos del festejo por el simple hecho de que ella se detuvo para no ser bañada con la espuma de unos niños que jugaban. Casi le oí decir: "Chíngate también por mamona". MÉXICO, ¿QUÉ TE PASA? ¿DE QUÉ ESTÁS ENFERMO? ¿CON QUIEN ESTÁS TAN RESENTIDO?

México me duele, pero también en momentos como este, me avergüenza. Se me antojaba pedirle disculpas públicas sobre todo a los extranjeros por la conducta de mis paisanos.

Y sí, no me quedé con las ganas y le propiné severo bolsazo a uno de los "chistosos" que me llenaron de espuma el tímpano y la córnea. Sé que la que estaba fuera de contexto era yo y más bien, me prometí no meterme en esas honduras de nuevo. Eso no implica que deje de molestarme la visión de mi gente.

Hoy recordamos 20 años desde el devastador terremoto de 1985. Me confunde pensar en este pueblo capaz de la solidaridad más noble y al mismo tiempo, tan poco respetuoso de la comunidad. Esos mismos que armaron brigadas de rescate, que ofrecieron sus casas como albergues, que acopiaron miles de víveres para damnificados, son los que hoy despotrican del gobierno pero asisten a un evento con un resentimiento profundo. Y entonces, qué importa el chiquero que dejan en la calle, "que lo recoja el gobierno", "que para eso le pagamos". NO, no le pagamos para que reconstruya nuestra devastación, y NO podemos exigirle más a un gobierno con el que NO participamos.

Y todo se convierte en un círculo vicioso en el que el mexicano siempre lleva la posición ventajosa. En eso se centra la conducta, en cómo sacar más provecho de cosa, persona o animal sin hacer ningún esfuerzo. Compramos piratería, damos mordida, aceptamos la corrupción, permitimos las transas. Porque el gobierno debería esto o aquello; porque siempre la culpa la tiene alguien más, Estados Unidos, el colonialismo español o Salinas de Gortari, según nos convenga.

No puedo, lo sé, cambiar al mundo. Ni siquiera puedo a veces, cambiar mis propias conductas. Aún así, me desespera mucho la mentalidad de nuestros mexicanitos y mexicanitas. Intento por mi parte, no colaborar con todo lo que desapruebo y tratar de pasar este mensaje a quienes me rodean. Y como decía Jesús, sin otorgarme rol redentor, "el que tenga oídos que escuche",

Ya puedo oir a mis compatriotas alegando con la boca chueca: "El que no transa no avanza", "Aplica la Ley de Herodes: te chingas o te jodes", "La corrupción no se va a acabar", "Si no le entras a la corrupción, no se mueve nada", etc. Todos los pretextos ñoños que ponen para no cambiar porque les conviene el status quo.

Hoy me voy a dormir y voy a soñar con un México de amigos, colaboradores y equipos. Soñaré con gente que se apoya para subir y que nunca más jalará al hoyo a quien destaque por sus méritos. Dormiré creyendo que algún día miraré a los ojos a otros mexicanos y no pensaremos ya que la única manera de salir adelante es aprovecharse del prójimo.

Llámenme idealista. No dejaré de soñar y de intentar.

México, creo en ti (a pesar de todo)

martes, 13 de septiembre de 2005

Sacar la basura

El camión de la basura, se rumora, circula diario por el rumbo. Nosotros lo cachamos apenas una vez a la semana. A veces pasa temprano y otras puede pasar cerca del medio día. Es un horror que se acumule la basura. Apesta, las moscas nos persiguen.

Tirar la basura es un alivio. Deshechos que nadie quiere, restos de cosas servibles que ahora son inútiles. Sacar la basura jamás duele. No te sientas a llorar porque eso ya no sirve.

El dolor, la tristeza y el enojo son basura que se me acumula y hiede. Necesito tirar mi basura emocional y no encuentro el camión recolector que quiera llevarse de una buena vez todo lo que ya no quiero.

Liberar no debería ser difícil. Debería ser equivalente justamente a cerrar una gran bolsa de basura y dejar que se vaya para siempre.

lunes, 29 de agosto de 2005

Breve resumen sobre amplios acontecimientos

Mudose, liberose, contentose. Así es, encontré un buen departamento, conseguí un excelente room mate (Aldo), me mudé y estoy sumamente contenta. Por fin se concreta un proyecto importante y se realiza de un buen modo y en buenas condiciones.

No, aún no tengo un trabajo nuevo. Empecé clases en la Uic y eso por el momento me tiene también muy feliz. Ando tirando anzuelos en varios lados, a ver si surge algo más.

Nuevos ojos, nueva piel, nuevas las manos... Nuevo hogar, mirada modificada, giro en el ánimo.

jueves, 25 de agosto de 2005