¿Por qué? Yo me pregunto constantemente por qué. ¿Por qué la gente en el transporte público parece que entra en estado catatónico con imbecilidad crónica?
A ver, ya en serio. Yo tengo una hipótesis. Tengo la impresión de que en México tenemos una escasa cultura de respeto por el otro. Tenemos la maldita cultura de "chingar". El que es bien chingón, es ventajoso y se "chinga" al otro. El otro no debe pasar, ni obtener nada que yo no obtenga, y menos antes que yo. Enaltecimiento del valor de la envidia: lo que tú tienes me duele.
En fin, que para muestra basta un botón. En España, la gente deja un espacio en las escaleras eléctricas. Es decir, si no quieres caminar y quieres permanecer parado en las escaleras mientras te transportan al otro lado, puedes hacerlo, siempre y cuando dejes un espacio para que camine aquel que tenga prisa. ¡Claaaaaaaro! Eso es conciencia de la comunidad.
Aquí, ni se diga, que en las horas pico, a alguien se le ocurre bloquear las escaleras del metro y se hace un gran embudo, por el que nadie puede pasar. Y seguro los muy tercos pensarán: "Pos si quiere ir rápido, que corra por las escaleras fijas". Ash. Claro, claro, claro, entiendo que esto también tiene que ver con que las prácticas del metro son esas y que no se han puesto señalamientos o se han promovido por parte de las autoridades otras prácticas.
Y luego, a ver, quién entiende a la gente que con su baba destilada se queda cerca de las puertas de salida cuando tiene un montón de espacio para moverse. No sólo se queda ahí, sino que aunque vea que la gente quiere bajar, ¡NO SE MUEVE! Como dice mi abuelita, creen que la carne de burro es transparente, chingao. ¡QUÍTENSE!
Qué decir de los que van a cruzar el semáforo del metrobús, y como si no supieran las dimensiones de su cuerpo, ni las condiciones básicas de caminar, chocan contigo porque no miran para adelante.
Luego, me pregunto qué pasa con las señoras que se suben y nomás no pueden decidir dónde sentarse. Entonces, corren al lugar de adelante a aperrarse, pero cuando llegan deciden que quieren el de atrás, y ya sentadas, vuelven a decidir que quieren sentarse junto a la puerta trasera y se vuelven a cambiar. Pus chingao, ni que fuera tan difícil. ¡Vaya, ni que fueran asientos del cine!
Y los pinches chamaquillos granosos hormonoicos que se suben con una puta mochilota en la espalda como si cargaran piedras del monte y jamás se la descuelgan. Por supuesto, en el camino se van descontando a cuanta persona se atraviese y además ocupan un chingo de espacio, no dejan pasar a nadie y no cabe más gente.
A ver, que alguien me explique esto. Te acercas a la puerta del pesero. Hay un ser que parece enamorado del tubo de cuan abrazado está a él. Le pides que toque el timbre, porque no lo alcanzas si obviamente este ser lo obstaculiza. En este país, y en otros también, cuando uno toca el timbre, significa que baja en la siguiente esquina o parada. Pero este ser no lo entiendo y NO SE QUITA. Porque seguro uno va tocando los timbres por la vida, para hacer melodías peseriles o para siscar al conductor. ¿POR QUE CHINGADOS NO SE MUEVEN SI YA SABEN QUE TE VAS A BAJAR? A ver.
Norma nos agrega la siguiente: El chofer de pesero nunca oye a la primera.
Pasajero: Uno al metro
Chofer: ¿A dónde?
Pasajero: Al metro, por favor
Chofer: Ah, son 3 pesos.
Pero la conversación podría modificarse en su primera línea por cualquier otra cosa, como quiera el chofer sólo escucharía a la segunda, después de que él pregunte, que es cuando decide poner atención.
Pasajero: Al huerto
Chofer: ¿A dónde?
Pasajero: Al metro, por favor
Pasajero: Tú tuerto
Chofer: ¿A dónde?
Pasajero: Al metro, por favor
Y así...
No falta el cabron o cabrona que está esperando en el andén o calle y quiere subir. El vehículo está retacado y otras personas quieren apearse. Los letreros dicen "Antes de entrar, permita salir". ¿Y qué hace? En cuanto se abre la puerta se avienta como tacle a ver si puede anotar un touchdown por tierra. ¡A ver, GENTE, esperen a que uno baje, putamadre!
Y los choferes que luego te gritan que te recorras, cuando casi ni respiras y se encabronan los muy pendejos. Si quieres subir más gente, pinche chofer, compra un bus más grande. Si no, como dice el rey de España, ¿por qué no te callas?
Ash. Ya me voy y me voy en transporte público.
Lo que me queda decir, es que paso rebuenos momentos observando y escuchando a las personas, aprendo de música que no me gusta y locutores que jamás escucharía, miro modas inéditas, encuentro personajes novelescos, compro objetos de calidad que "salen a la venta" (de dónde "salen" es un misterio), golosinas y suave goma de mascar, analizo publicidad impresa, alabo altares al América y en fin, sí me deleito con el surrealismo urbano.
Para muestra basta un botón: Imagen capturada en un pesero. Analícese con atención.

De todos modos, ¡no mamen, ya edúquense, gente!