Hablábamos hace un momento Ardilla y yo de nuestra propensión a sentir "ternurita" por todo. ¿Qué será lo qué me pasa? De pronto, todo me da ternura y se me hace rete bonito como conejo pachón.
A lo mejor es la edad, en que las hormonas hacen un simulacro de amor maternal.
Y es que no sabes, qué bonitos están mis compañeritos de la maestría. Uuuuuy, son preciosos. Son entusiastas, participativos, y sonrientes. Son muy diversos y bienolientes.
Y no sabes, las personas que llegan al consultorio, ¡SON HERMOSAS! Todas, así con su humanidad y sus palabras, y sus gestos, y sus preocupaciones.
Y los alumnos, noooo, bueno, qué bárbaro. Con sus pelitos juveniles, y sus ganas de hablar de cosas importantes, y sus niñerías, y sus anotaciones en cuaderno y sus ganas de ser profesionistas.
No estoy siendo irónica, estoy hablando totalmente en serio.
Aaaaay, qué bonitos están todos ustedes. Los quiero taaaanto... (ojitos de corazón, brinquitos y jeidis).
(¿Estaré dopada, enloqueciendo, al borde de una crisis epiléptica, a punto de morir o sólo soy una ridícula entusiasta de la primera semana de clases?)