martes, 10 de abril de 2007

Los aconteceres de Hurgo


Para Alejandra:

Yo primero conocí a Urbano. Urbano el hermano. Lo vi primero a través de los ojos azules de una ardilla. Y me cayó bien, mucho más después de leerlo. Es un chico listo, pensé. Luego conocí a Hugo. Lo miré bajo la luz de un taller literario en un ambiente cuasi familiar.

Urbano nos acompañaba en muchas pláticas. Y como muchos de sus amigos, reíamos, aún cuando él no estaba presente. Era un hermano entrañable. Las aventuras de la Gorda Macadamia y Urbano nos hacían la noche. Y todo terminaba con un suspirito ardillesco que parecía decirnos "Ay, como quiero a ese ser".

Nunca podemos entender los finales. Siempre nos toman por sorpresa, no importa cuánto pensemos que estamos preparados. Nos ataca con los dedos en la puerta. Es completamente ininteligible.

Luego vamos por ahí cargando siempre a nuestros desaparecidos. No se van nunca, nos acompaña el hueco que dejan. Ya sé, ya sé cómo es que se vaya alguien a quien amas. Pasan los días y sigues pensando en cuánta falta te hace su presencia, su compañía, sus palabras y sus silencios. Y sus silencios se vuelven lo último y lo único, que se llenan en nuestras cabezas con nuestras imágenes y nuestras añoranzas para poder seguir viviendo.

Hoy le dedico dos fotos de ocaso. El atardecer en minutos espaciados que vi a través de mi ventana ayer, a una semana de su partida. Quiero pensar que aún cuando nos parezca triste la desparición del sol, hay belleza en ello.


2 comentarios:

Boqueño dijo...

Esto me entristecio.

alejandra dijo...

te quiero, te quiero y lo quiero. el ocaso es hermoso también, basta aprender a mirarlo sin gafas.