miércoles, 11 de junio de 2008

Lo que duele



Casi no hablamos de lo que duele. No en esos términos. Acabamos en la queja, en el enojo, en el pancho, pero no podemos expresar claramente: Me duele. Por lo menos, puedo decir que esa es mi debilidad y el vicio familiar. El simple reconocimiento de las emociones, ya es todo un logro; no se diga el reconocimiento del dolor.

Alguna vez me dije, que hay otras formas de crecer, más que el sufrimiento. Quizá por descender de una cultura judeocristiana, seguimos mirando el mundo como un valle de lágrimas, un calvario irremediable. El sufrimiento sí nos enseña, pero no es el único modo, insisto. Sin embargo, hoy sí vengo a hablar del dolor, del sufrimiento, de las llagas y las heridas.


Reconocer que me duele ha sido difícil. Implica reconocer que algo me hirió, y mi reacción inmediata, es buscarle justificaciones a todo. Ya que mi mecanismo de defensa básico es la racionalización (como ahora) le doy vueltas, lo justifico, busco entenderlo, minimizarlo, darle explicación psicológica o científica (o de la índole que sea). Y claro, ahí se termina el contacto con la emoción. Se enfría, se distancia, se acaba

Reconocer que algo me hiere, implica también buscar la fuente del dolor y ese es un gran conflicto, porque en muchas ocasiones la causa es una persona y sus acciones. No importa si éstas fueron deliberadas o no, sólo importa el resultado en mí. Tengo que aceptar que mucha gente me ha dañado, sin quererlo y queriendo (sin querer queriendo, eso, eso, eso). Y claro, eso también implica que yo he hecho lo mismo con otros seres. He dañado a otros, y siguiendo la linea católica, por palabra, obra y omisión. No había pensado antes en esto.

Cuando llego a este punto, me dan ganas de pedir perdón y de perdonar (no se me quita el catecismo, ¿eh?). De verdad, de corazón, dejar ir las posibles ofensas y pedirle disculpas a quien haya podido lastimar, porque no lo hice con intención. Seguro fue sólo un lamentable accidente.

Chaketicita como hace mucho no hacía, pero la frase de Arjona queda. Con su permiso: "El problema no es problema; el problema es que duele". claro, porque si no duele y no me importa, pos no es problema y todo el problema lo hace el dolor que me genera. Luego, vienen los reclamos, los reproches, los rencores, las frustraciones, las decepciones. Todo por no reconocer que duele y decirlo así, simplemente, con todas sus letras. Al menos, para intentar contener el daño.


Lo que me duele lo guardo en el pecho y luego me duele físicamente. El duelo más fuerte de mi vida dolía como un corsé apretado. Lo demás, punza por momentos. Ya no quiero que duela, pero no sé muy bien cómo remediar en mi corazón los agravios. Entender no basta, hay que soltar, y no he podido soltar. No tengo ningún afán por conservar ofensas ni dolores. No me sirven, pero no he descubierto la fórmula para extirparlos. No quiero un cáncer, ni otras afecciones graves. Ahora lo sé, ya no puedo hacerme pendeja. Hay que trabajar con el tema. En el momento presente, se puede decir que estoy bien, no pasa nada grave, pero hay dolores guardaditos que por momentos me arrancan los ojos.


Me atrevo a decirlo. Hoy me duele. Me duele que el sitio donde trabajo, donde he puesto tantos sueños, se vaya irremediablemente a la mierda. Me duele el autismo con que dirigen la institución porque este era un sitio de creación y hoy sólo somos testigos de la destrucción. Me duele despedirme, aunque sea de a poco, de este lugar porque he sido muy feliz en él, porque trabajo con personas a las que quiero, porque mi trabajo me gusta mucho, pero ya no me gusta cómo están las cosas ahora. Me duele el pasado, la distancia que por tanto tiempo sentí con mi familia, todas las ofensas que no perdoné, las palabras navaja, los ojos fuego, los silencios puñalada, y mi espejo de ayer, viviendo a través de lágrimas. Me duele haberle hecho daño a mi madre, a mi hermano, a mi padre, no era mi intención y sé que sufrieron con mis actos. Me duele aún la ausencia de mi padre, me duele que no haya más charlas ni abrazos. Me duele que mi pareja se vaya a otra casa, me duele saber que se acaba una etapa, me duele saber que no hay garantías. Me duele no tener un proyecto de futuro, en casi ninguno de los aspectos de mi vida. Me duele la volatilidad. Me duele que no podamos planear juntos, que todo esté supeditado a un cambio de casa, que yo haya callado tanto tiempo. Me duele tu rechazo, me duele tu partida, me duele tu proyecto de viaje y mi frustrado intento por viajar contigo, mis reclamos estériles. Me duele no verme en tu futuro y quererte en el mío. Me duele la realidad. Me duele sentir que sólo soy un testigo de tu vida y no participante. Me duele.


No importa si hay explicaciones, no importa si el dolor se justifica. Duele. Sólo hay que aceptarlo. Me duele.

Eventualmente, el dolor pasará. Lo suelto ya.

4 comentarios:

Midori dijo...

ayy guapa, pues ya lo comentamos ayer, lo único que te puedo reafirmar es mi abrazo y mi cariño y mi apoyo!!! y a luchar!

Yoryiboy dijo...

Yo creo que no hay racionalización en lo que escribes, para nada, al contrario, es un insight, pero solo se puede describir con palabras, con vueltas, con retornos, pero al final está la aceptación del dolor, me duele, el sentimiento no está lleno de símbolos que funcionan primero como una caja, después un celofán que recubre, más tarde un moño, eso es racionalización, abrir la caja y ver lo que está dentro es insight, y creo que es lo que está aquí, y creo que es valioso :)

jalate al bló de midori, andamos armando proyesto, cheque y a ver qué le parece, besos!

Yoryiboy dijo...

Y por cierto, nada tiene garantías... todo es un cheque en blanco, depende como lo tome uno... puede ser una deuda terrible, pero también puede ser la mejor inversión, por qué asumir una o la otra?

fluyamos como hojas de un cerezo sobre el arroyo calmo

y tomemos un Dalayyyyyyyy!!!!

jaja, bueno, creo que me dí a entender. ;)

Pucca dijo...

Por supuesto que duele, y duele más cuando se juntan los dolores. Pero ya sabes que, luego de estos momentos, la vida adquiere otra vez su toque bonito. Se que lo sabes por eso asumes tu dolor, porque sabes que hay que vivirlo, hay que sufrirlo, para que no se quede atorado ahí, en ese bodegón de pecho que Dios te dió.

Yo quisiera sentarme ahí, junto a ti, fumarnos un cigarrito, llorar y reír, como muchas veces lo hicimos cuando teníamos esas punzadas de dolor. Me duele tu dolor, me duelen los kilómetros y te quiero inmensidad.