jueves, 13 de noviembre de 2008

Medicina Cuántica

Hoy fui a mi primera sesión de medicina cuántica. En realidad, hoy fue el diagnóstico y mi primer tratamiento. ¿Qué es la medicina cuántica? La verdad no he acabado de comprender todo el tema. Entiendo que trabaja a través de la energía, equilibrando aquellos flujos que se encuentren justo en desequilibrio. La medicina cuántica es sobre todo preventiva, pero también es curativa.

¿De qué trata? Te sientas en un sillón cómodo y te conectan unas cintas en los tobillos, las muñecas y la cabeza. Te conectan pues a una máquina y en una computadora se van revelando los resultados. Así de simple. Luego te dan feedback con energía a través de esas mismas cintas. Para más información pueden consultar la página de Quantum L.I.F.E.

La experiencia cercana que conozco es una amiga a la que le detectaron tumores en senos y matriz. No revelaré su nombre y no es importante. Lo que sí es importante es su experiencia. Ella no creía en este tipo de medicina. Su formación siempre la había llevado a tratamientos alópatas. Gracias a un pariente cercano empezó el tratamiento con medicina cuántica. Adivinen qué: pues sí, se curó. Después del tratamiento fue nuevamente a hacerse los análisis y los tumores habían desaparecido. Ahora su doctora manda a sus pacientes el tratamiento cuántico.

La verdad es que no se siente casi nada. Yo sentí en algunos momentos franjas de calor en ciertos puntos del cuerpo, pero generalmente no sientes nada. La energía actúa a niveles no perceptibles, pero funciona. Quizá si nos platicaran de todos los casos que se han curado, acabaríamos sumamente sorprendidos. A mí me basta con escuchar a mi amiga curada. Sé de su mente rigurosa, de su escepticismo y su gran capacidad intelectual. Confío en su testimonio, pues.

Para mí, fue una cosa más a probar. Para ponerme bien, estoy dispuesta a hacer lo necesario. Creo en la prevención, y por eso hago las cosas necesarias para no acabar en un hospital en la medida de lo posible. Personalmente, me parece que algunos métodos alópatas son sumamente invasivos y agresivos, y mientras pueda, evitaré someterme a ellos. No desconfío de la medicina alópata, debo confesar. Simplemente, me parece que está incompleta, porque sólo mira al cuerpo como una maquinaria de reloj y creo que los seres humanos somos mucho más complejos.

Mi reflexión de hoy tiene que ver con la actitud con la que enfrentamos la enfermedad. En el libro de La Enfermedad como Camino de T. Dethlefsen & R. Dahlke, nos invitan a pensar en las enfermedades como expresión de estados de la psique. Cada órgano representa un asunto psíquico. En este sentido, la enfermedad nos pone frente a los ojos aquello a lo que no le hemos puesto atención en nuestro interior y aquello que debemos resolver. Una vez que se ha mostrado debemos decidir cómo enfrentarlo.

He ahí que creo que la medicina alópata atiende síntomas manifiestos y la medicina cuántica (y otras terapias alternativas) atienden las causas invisibles. Las dos sirven, a mi modo de ver. Sólo que atienen distintos niveles. Me da la impresión que las terapias alternativas implican un mayor compromiso y trabajo con uno mismo, mientras que la medicina alópata resuelve el problema desde fuera sin ningún control, ayuda, ni esfuerzo del enfermo. El enfermo es justamente un "paciente", que así, pacientemente, espera a que lo curen con algo externo. Frente a este método, yo siempre me he sentido impotente. Como si un destino ineludible me fuera a alcanzar y yo no pudiera hacer más que ser "paciente". Y luego, cuando ya no hay respuestas, nos dicen que es genético y fin de las preguntas y respuestas.

A lo mejor porque soy una loca controladora, o una renegada del sino, pero yo prefiero hacerlo de otro modo. Por supuesto, a cada quien le funcionan métodos distintos. Los caminos para todos nosotros son diferentes y cada quien debe elegir el que mejor le acomode. Debo confesar que cada vez que he elegido este modo, siempre el camino ha sido mucho más sinuoso. Me ha confrontado con asuntos que no había querido ver y que por supuesto, duelen. Así, justo como duele el cuerpo.

Alguna vez lo platicaba con la Ardilla sobre personas queridas que tomaron decisiones importantes frente a sus enfermedades. Al final, uno enfrenta la enfermedad del mismo exacto modo como enfrenta el resto de las cosas de la vida. Y nos va la vida en ello, tanto en nuestras decisiones cotidianas como en nuestras batallas por la salud. A veces, nos cuesta la vida. A veces, la libramos.

Durante mucho tiempo, yo cuestioné el modo en que mi padre había enfrentado su enfermedad, decisión que le costó la vida, por cierto. Luego entendí que simplemente hizo lo que pudo. Incluso, he llegado a pensar que su decisión de operarse era un recurso último, una forma de poner un ultimátum a su dolencia. Sólo cabían dos posibilidades: curarse o morirse. Y mi padre estaba dispuesto a morir con tal de no seguir como estaba. Así de grande, supongo era su dolor. Y no sólo su dolor de cuerpo, sino su dolor interno. No importa cuánto le hubiéramos insistido para que tomara otras opciones. Sólo él tenía la decisión al respecto. Su decisión fue esa, porque también así había decidido vivir.

A partir de ese momento, decidí que yo no quería vivir así para no morir así. Uno no sabe cuándo le llegará la hora. Puede ser en cualquier momento. Los accidentes, como el avionazo reciente, nos prueban que la vida no está asegurada. Por más que yo me cuide cualquier día me cae el meteorito maligno y zas, se acabó. Pero lo que esté en mi mano, al menos sí puedo hacerlo, para que la vida sea vida y no un remedo. Al menos, para seguir aprendiendo y seguir creciendo, sé que estoy dispuesta a trabajar por mi bienestar. Ese es mi compromiso con mi felicidad.

Les tendré informados sobre mis avances en el tratamiento. (En realidad, me dieron un diagnóstico bastante favorable y me reiteraron los asuntos emocionales que debo resolver, pero no le aunque).

ACTUALIZACIÓN
Ya que me han pedido los datos, aquí se los paso para quienes quieran entrarle.

Actualización junio 2009
Pues ya no les paso los datos anteriores, porque ahora que yo estoy en el asunto, les paso los datos de nuestro consultorio.
Ixcateopan # 81, Entre Eje 6 y Matías Romero, Col. Narvarte, México, D.F.
Tels. 56046876 y 56055459

Y pueden revisar más sobre el asunto en el link de Cuántum Med Narvarte que encontrarán del lado derecho.

martes, 11 de noviembre de 2008

Sólo quiero reír

Vuelve al ataque 31 minutos. Estos son los chascarros o bloopers, como le dicen en gringolandia (y también aquí).




Momentos cumbre de este video:
- El regreso del Pelo Suelto
- El proto Tulio
- El traje de comida
- La imitación de Miriam Hernández (" y también hago un tren")
- El jefe que imita al Miedoso
- Los accidentes de Freddy Turbina
- El chiste de Huachimingo
- La queja de la espalda de Bodoque

Soy tan fan.

Y luego, como nos dimos una sesión hace unos días y resultó enloquecidamente hilarante, les comparto al mismísimo Sammy y a Miguel Luis, joyas de la conducción de nuestra televisión mexicana.


Por si se quedan picados, hay un montón de estos dos seres en you tube. Pero para resumir su sabiduría, esta es la cereza del pastel.



Por favor, colaboren con los videos más chistosos que conozcan. Girls just wanna have fun!

viernes, 7 de noviembre de 2008

Pelos de gato y babas de perro

Con el tiempo, ciertamente, he ido entendiendo por qué era tan problemático tener mascotas en casa de mi madre. La verdad es que a menos de que ames a los animales, no puedes entender ciertas cosas.

Yo no podía entender que mi madre regalara a mis mascotas. No soy el único caso en el mundo. Seguro hay muchos a los que les tocó que les regalaran al perro, el conejo, el hámster, etc. No soy madre y por eso tampoco entiendo la lógica desde esos ojos, pero sí sé que a nosotros que disfrutamos tanto con la compañía de los animales, nos duele mucho separarnos de ellos. Una de las mayores dichas que tengo ahora que vivo sola, son justamente mis dos gatos.

Norma, por ejemplo, a quien no le gustan las mascotas, me ha dicho que también los poseedores de mascotas a veces somos sumamente ridículos. La verdad es que sí es cierto. Ahora que se han puesto de moda, por ejemplo, los chihuahueños (¿Fue Paris Hilton la culpable?), podemos ver a las chicas cargando su perro en una bolsita muy cukis y el perrito vestido de hada, Chanel, o de lo que mejor convenga a la fashion. Queremos estar pegados con nuestras mascotas todo el tiempo, los acariciamos sin cesar, dormimos abrazados de ellos.

Insisto, el asunto es que a quien no le apasionan no podría entender cómo esto es posible. Midori y yo, por ejemplo, vivimos entre pelos de gato. Ahora, ella también tiene un perro, así que hay que agregarle las babas. A pesar de todos los sacrificios que a veces tenemos que hacer por ellos, todo se compensa cuando se podemos acariciarlos. Perfu, que antes parecía no querer mascotas, es la más protectora con su gatita persa Federica. No se diga la Ardilla con el puñalín de Purr y ahora ya tiene a Rona. (No nos conformamos con uno).

Estos últimos días, mis gatos me han hecho enojar mucho. Llevan dos semanas despertándome al amanecer. Como reloj despertador, unos minutos antes de que amanezca enloquecen. Hoy, de plano, tuve que sacarlos de mi cuarto. Claro, chillaron como poseídos hasta que tuve que abrirles la puerta. Los dos, ya calmados, se subieron a la cama a dormir. La Inchi, corrió a mis brazos y el Babas a mis pies. Y nuevamente, todo tenía sentido. Nos apapachamos y fuimos felices.

El asunto es que aquí nuevamente estamos hablando en frecuencias distintas los amantes de los animales con los detractores de las mascotas. Para nosotros, dormir con nuestras criaturas es un placer, es reconfortante, es un privilegio. Para los contrarios, es una ridiculez y una molestia. Los pelos de gato, por ejemplo, vuelan por todos lados. Yo ya estoy acostumbrada, pero a muchos les parece una asquerosidad.

¿Cómo conciliamos unos con otros? En el caso de mi madre, por ejemplo, no había negociación. Yo tengo ahora mis gatos en mi casa, y ella vive sin mascotas en la suya. Santo remedio. Pero, ¿Qué pasa con las parejas, cuando uno de ellos, ama los animales y el otro no? Por que al final, estamos hablando de lo que te configura, de lo que te hace ser quien eres y de lo que te da placer en la vida. El asunto de los animales, por supuesto, sólo es uno de los temas. ¿Qué pasa cuando a uno le gusta bailar, o escalar, o caminar, o lo que sea, y al otro no? ¿Es válido suprimir el gusto del otro en aras de mi propia comodidad? ¿Es válido reprimir nuestro propio placer en aras de conservar al otro?

Cuando me salí de casa de mi madre, uno de sus reproches era: Me cambiaste por un gato. La verdad es que ese gato por el que me salí ni siquiera lo conservé. Y la verdad es que el gato era lo de menos. Las razones por las que era inminente mi salida tenían otras causas mucho más profundas. Pero entiendo que a sus ojos, fuera un asunto completamente desproporcionado. ¿Cómo es posible que si no puedes tener un gato prefieras vivir en otra casa? ¿Cómo es posible que quieras más a un gato que a tu propia madre? (Léase con cara de Lagarto, es decir de Doña Márgara Francisca). Repito que la situación no era esa, pues, pero el asunto es que para alguien que no ama a las mascotas, el tema es completamente ininteligible. No hay ni siquiera punto de comparación entre el amor por otro ser humano y el amor por un animal. La conexión es distinta, por supuesto. Pero creo que sí amamos a nuestros queridos animales y el vínculo, que en parte es sumamente maternal (o paternal) es muy particular. Los animales, nos brindan felicidad con su compañía. Es difícil describir el vínculo, sólo puedes entenderlo si lo sientes, si los amas, si tienes mascotas. (Creo que así como dicen: no puedes entenderlo hasta que eres madre, o cosas así).

Como otras veces, en estos temas, me declaro incompetente para dar soluciones. Yo me declaro feliz hoy por la posibilidad de dormir con mis gatotes y ronronear en coro.

El cumple de Pucca

Ya le mandé una canción de cumpleaños, pero para completar el festejo de Pucca y como sé que le divierten como a mí estas cosas, aquí va otra canción muy ridícula. (Imagíname bailando igual que estos chiquillos del video, por favor)

Abrazos a mi querida Pucca. Te sigo extrañando un chorro. Abrazos apretados.

martes, 4 de noviembre de 2008

Gatos que hablan

Mis gatos no se hablan. No tienen necesidad, en general. Cuando se muerden expresan el dolor de la mordida con un maullido. Cuando la Inchi se siente amenazada, bufa y maulla grave, que es la señal para alejar al otro. Pero en la cotidianidad no necesitan decirse nada. La comida, las caricias, la compañía me la piden a mí. Así que, a mí, sí me hablan y mucho. De hecho, a veces me atarantan. La Inchi es la más platicadora y escandalosa, maulla fuerte para que la acompañe a comer, para que le sirva comida o agua, para que le abra la puerta, para que le haga caso. El Babas, en cambio, maulla mucho menos por comida y mucho más por caricias. Hace un sonido leve (como un mrrr a veces sin abrir la boca).

¿Los animales tienen lenguaje? Me preguntaba esto cuando encontré este par de videos en you tube. El primero es de unos famosos gatitos que se hablan uno al otro y el segundo es la traducción de esa plática. Me dio mucha risa, Espero lo disfruten.



viernes, 31 de octubre de 2008

Crónica publicada

Les comparto mi alegría. Este mes (que está terminando en estos minutos) me publicaron en la revista Dónde ir una crónica. Aquí la tienen.

____________________________________________________

Ya no separo basura

Que de un día para otro nos dicen que hay que separar la basura. Se acordarán que de pronto ya nos dio por ser muy modernos y hacer las cosas de ese modo en la Ciudad de la Esperanza. Y ahí tienes que algunos mensos responsables como yo, nos dimos a la épica tarea de separar nuestros desechos:

Mi anterior estúpido intento de hacer algo por el mundo fue en tiempos adolescentes en que me dediqué a juntar arillos destapadores de latas. Decían que si juntabas mil, le regalaban una silla de ruedas a alguien que la necesitara. Claro que nunca junté mil y nadie recibió nada, que yo sepa.

Pero ahí estaba yo, por primera vez, frente a mi basura cantando en mi cabeza We are the World. Era sumamente confuso al principio. Era obvio que plástico, papel y metal iban en el de inorgánicos y los restos de comida en orgánicos. Pero a ver, ¿dónde echar el chicle? ¿En cuál se tira una bolsa de piel? ¿y qué debe uno hacer con los condones, echar el contenido al de orgánicos y la envoltura al de inorgánicos? Estos eran mis dilemas diarios. Dónde tirar los cabellos de mi cepillo, las uñas de mis gatos y su arena. Como no podía decidirme, fui haciendo más bolsas: la de los gatos, la de los desechos orgánicos de personas, las de aluminio, las de papel y cartón, las de restos de comida putrefacta y no putrefacta.

Venía el señor de la basura muy sonriente por todas mis bolsas, me recibía todo más su propina y se iba contento por la vida. Yo me tomaba mi tiempo para explicarle cómo las había separado para que luego pudiera hacerle esa aclaración al depósito donde lo entregara. Luego pensé que sería más práctico si etiquetaba las bolsas, para que todo aquel que se cruzara con mis desechos supiera a qué correspondían. Con un plumón indeleble fui marcando todas mis categorías en sacos blancos. Soy una buena ciudadana y una buena chilanga, pensé. Ya que no puedo rescatar animales, ni donar a Greenpeace, ni adoptar un vietnamita, ésta era mi forma de hacer del mundo un lugar mejor.

Orgullosa de mi hazaña, tres meses después, le pregunté al señor basurero sobre el programa de separación de basura. Uy, me dijo, no, nicierto eso de la separación, señorita, ¿quién le dijo? ¡Pues eso dice el Gobierno del Defe! No, uy, no señorita, mire, todo lo echamos parejo al camión y luego de ahí lo vacían todo en el basurero y ahí los pepenadores se encargan, me dijo sonriendo, como siempre. ¿Y por qué no me dijo cuando separé tanta basura?, le reclamé. Ay, no señorita, qué pena, cómo la iba yo a desilusionar.

Ahora tengo un bote grande de basura en el que arrojo todo indiscriminadamente. El señor de la basura se lleva un enorme costal y su propina con la misma alegría de antes.

De amor y necesidades

Hablar de amor siempre es importante. A veces, nos perdemos en otros temas alrededor y perdemos el foco. En muchas ocasiones cuando charlamos sobre nuestras parejas, nos perdemos en anécdotas y conflictos, cuando al final lo que estamos haciendo es hablar de amor. Y claro, también hablamos de dolor, de pérdidas, de necesidades insatisfechas, de egos frustrados, de choques existenciales, de patologías complementarias, etc.,etc., etc.

Quizá es que cuando hablamos de amor, hombres y mujeres hablamos de algo distinto. Mismo tema, distinto significado. ¿Será que biológica y culturalmente entendemos conceptos distintos? Algunas de nosotras hablamos del amor públicamente. Para nosotras, el amor se cuenta, se grita a los cuatro vientos. El amor permea nuestras actividades, nos acompaña en la cotidianeidad. Para muchos hombres, el amor es un juego privado, un asunto secreto, un tema prohibido. A mí, me gusta compartir lo que siento con mis seres queridos, me gusta decir que este amor vive aquí. Pero supongo que para algunos no es necesario ni importante mencionarlo.

Nos decía a la Ardilla y a mí una "paciente" que odiaba que su novio no hablara de ella públicamente. Digo paciente, porque en nuestras Terapias de la Claridad (del espíritu o del día, lo que suceda primero), también aceptamos invitados especiales (tomen su número, hagan fila). Nos contaba, por ejemplo, que su amor no tenía fotos de ellos juntos en el Facebook, y que eso le ardía, porque sentía que no le daba el reconocimiento merecido. De ese modo, parecía un hombre soltero. Y para ella, esto era una señal de su ego carente, que buscaba alimentarse de los coqueteos de chicas ignorantes sobre su relación. Claro, que ella lo ve de otro modo. Para ella, él es su centro, y ella hace pública su relación porque es una forma de darle importancia y de establecer el territorio. Entiendo por qué le molesta: porque al final implica que no es suficientemente importante como para que la mencione; si no hay despliegue público, parece una señal de rechazo. ¿Por qué tendría que esconderlo? ¿Por qué él no habla de el amor?

Yo, personalmente, no puedo separar el amor, y en ese sentido a mi pareja, de mi vida cotidiana. Es en mis letras, es en mis actividades, es en mis sueños, en mis deseos, en mis proyectos. Escucho a otras mujeres, diciendo que es su prioridad, que es su primer pensamiento, que es su proyecto de vida. Y luego veo una telenovela, pero hey, no me descalifiquen por eso.

La historia. Y bueno, la chica de la novela es una adolescente caprichosa que desde que conoció al muchacho chicho de la telenovela gacha se empeñó en hacerlo suyo. Así que al primer beso lo llamó su novio y a la primera semana se le presentó a los papás. Por cierto, la chica le anda pintando el cuernote, pero eso no es importante para el caso. El asunto es que en el capítulo que vi, ella llega a la oficina del muchacho (hijo de tigre Zurita) a invitarlo al cine. Ella, como linda estudiante, no tiene nada mejor que hacer, pero él, responsable trabajador, sí tiene harto que resolver. Así que rechazada por el hombre, ella se enfurece. Ël le pregunta: ¿Qué quieres? Ella responde: Quiero ser tu prioridad, quiero que me dediques más tiempo, siento que no te importo. Y yo: ¡Plop! (sí, el de Condorito).

Y me quedé pensando, ¿así de ridículo se oye, como el berrinche de esta escuincla pelos de elote? Por un momento, hasta me dio vergüenza. Luego seguí pensando, quizá sea ridículo, pero es sumamente común. Es casi un must de mujer. Entonces, me pregunto, ¿Será que todas queremos lo mismo? ¿Será que todo lo que queremos es sentirnos la prioridad de nuestro hombre?

¿Por qué no nos entendemos? Les decía a mis alumnos, que finalmente, hay que aceptar que hombres y mujeres sí nos comunicamos distinto. Ese día tocábamos el tema de la conversación en términos de negocios, pero necesariamente nos pasamos al ámbito personal. Entonces, las mujeres solemos hablar en elipses, los hombres en líneas cortadas. O sea, las mujeres vamos y venimos a los temas sin terminarlos, una y otra vez; en cambio, los hombres suelen agotar un tema antes de pasar al siguiente. ¿Será por qué las mujeres somos multitarea y ellos no? ¿O es sólo una maldita costumbre? Y claro, el reclamo femenino, es "no me escuchas, no he terminado de contarte, ya no me quieres" y pancho. Y el reclamo masculino, es "al grano, ya termina un tema" y la defensa al pancho.

No quiero sonar a "Las mujeres son de Marte, los hombres son de Venus" (nunca me falta la chaketicita, ¿eh?), pero de pronto parece que sí es así. Las mujeres hablamos de sentimientos y sólo queremos empatía; los hombres... no tengo la menor idea. Siento que muchas veces, sólo queremos un ser que comprenda y apapache. No necesitamos soluciones, ni defensas, ni explicaciones. Y miren que lo dice la que defiende la racionalidad.

Hablar de amor también implica hablar de necesidades. Al final, las relaciones, desde mi punto de vista, son un juego (otra vez el juego) de dar y recibir. No se vale la Ley del embudo. Pero, ¿Cómo conciliar las necesidades de dos universos tan distintos? Cuando una chica dice "quiero ser tu prioridad", ¿qué diablos entiende el chico? ¿Cree que eso es pedirle matrimonio? ¿Entiende que eso es pedirle que sea un esclavo de la relación?

Y va de vuelta, ¿qué entendemos nosotras cuando nos dicen: "Necesito mi espacio"? ¿O "No tuve tiempo para llamarte"?¿Lo entendemos como rechazo siempre? ¿Lo entendemos justamente como no ser su prioridad?

Y no se hagan, todos hemos pasado por ahí. Perfu explica que en verdad el asunto sí tiene que ver con mujeres multitarea y hombres de una sola actividad. Cuando los hombres están trabajando, uuuy, ESTÁN TRABAJANDO. Y no otra cosa. Están en lo que están. Así que, en efecto, se les imposibilita orgánicamente pensar en algo más. Nosotras cuando estamos trabajando, uuuy,estamos pensando en el pago de la luz, en la comida de las mascotas, en la enfermedad de la tía, en el reven del fin de semana, en la uña rota, en el próximo corte de pelo, en la película que queremos ver, en el hombre al que amamos, en la amiga que tronó con el novio, y una larga lista que no terminaría en muchos párrafos.

¿Cómo, entonces, podemos pedirles que piensen como nosotras? No podemos pensar igual dos seres humanos, vaya, pero tampoco podemos pretender que podemos pensar en la misma frecuencia desde diferente género. Algunos dicen que los hombres cuando no están pensando en trabajo, piensan en sexo. ¿Será esto cierto? ¿Pensarán más en sexo que nosotras? Por cierto, me faltó eso en la lista anterior.

Digo yo que tendríamos que aspirar a ser más equilibrados. Las mujeres podríamos desarrollar el lado masculino siendo más prácticas y menos emotivas; los hombres, al revés. Eso, pensando en una generalización brutal. Sé que cada caso es particular, pero al encontrar coincidencias en los casos, no dejo de preguntarme si habrá cosas comunes a todos.

Opinen, anden.

martes, 28 de octubre de 2008

Rock Band como metáfora de la vida

Ya sé, pensarán que está bien pachecota la teoría, pero ora verán.


Creo que la vida es una serie de juegos. Wittgenstein (¡ay, Yoryis, el Witt!) hablaría de los juegos de lenguaje. Y sí, también me diría la Ardilla que las conversaciones son juegos de turnos. Jugar los juegos, eso es todo. Cada juego tiene sus propias reglas. Hay que aprenderlas para entrar en la partida. Luego, sólo se trata de divertirse en el camino.

Yo he pasado bastante en blanco con los videojuegos. Desde el atari, que jugué poco y hasta ahora con el Rock Band que verdaderamente me ha apasionado. Sí, puede ser una simple cuestión de gustos, pero descubrí que hay algo más en el asunto. La verdad es que me daba miedo. Aaaaaay, ya sé, que dirán que eso es una tontería. ¿Cómo es que uno puede tener miedo de jugar videojuegos? Pues sí, es una estupidez, pero como no sé jugar, pues me daba miedo perder. ¡Duh! Ya sé que de eso se trata, de jugar, de aprender y de perder y luego reintentar. Ah, pues será el sereno, pero a mí me daba miedo.

Cuando empecé a cantar en karaokes, no tenía menos miedo. Pero ya que me gusta cantar y no soy tan mala, pues me atreví. Y ahí tienes la primera vez que me trepé al escenario de un antro karaoke, cómo me temblaban las piernitas de pavo y cómo me sudaban las manos. Luego, el aplauso alimenta al artista. Y luego, ya no me podían quitar el micrófono ni a chingadazos.

Con ese antecedente empecé a jugar rock band cantando porque eso es lo que sé hacer aunque sea un poquito. Ya había jugado con Aarón al Guitar Hero y estaba ya un poco menos tronca. Pero ya, mi súper hit fue aprender la batería.

Inicialmente, a duras penas podía jugar en easy, y hasta ahí me sacaban, pero conforme entrené un poco más pasé a medium. Ahí estoy ahora.

Y me parece que así es la vida. Se aprende a jugar nuevos juegos. Al principio, no se puede ser experto. Uno no nace sabiendo. Hay que aprender y hay que entrenar. Se trata primero de vencer el miedo y atreverse. Luego, uno empieza a jugar en la modalidad sencilla y conforme pasa el tiempo, uno puede acceder a niveles más complicados. A veces, dan ganas de jugar en un menor nivel, sólo para descansar del reto. Luego, uno regresa a la dificultad para mejorar. Uno puede quedarse toda la vida jugando en algún nivel, si así se decide, o puedes incrementar tu pericia para acceder a lo siguiente.

Todo el asunto está en divertirse haciéndolo. Es una dualidad curiosa entre tomárselo en serio y no. Tomarlo como un reto, como una manera de crecer, como una meta, es tomárselo en serio. Darle menos importancia, reír mientras aprendes, liberarse del miedo y la vergüenza, eso es dejar de tomárselo en serio.

¿Y qué tal si nuestra relaciones sociales, nuestras conversaciones, nuestros trabajos, nuestras decisiones, se parecen a jugar rock band?

domingo, 12 de octubre de 2008

Y volver

Volver, vooooolveeeeeer, a tus brazos otra vez...

Volver y no regresar. Recuperar sin repetir. Definir para entender. Comprender para negociar. Comprometer para ser libres. Jugar para ser felices.

Creo en el amor, he dicho. Creo en los pactos. Creo en la fuerza interior. Creo sin razones.

Bienvenido, de nuevo, Red. ¡Bingo una vez más!

miércoles, 8 de octubre de 2008

Jugando con Midori

Órale, va, responderé al llamado de la maniweidad con Midori. luego se pone chistoso esto de las listas. No invitaré a nadie pa' no comprometerlos, pero si alguien lo quiere hacer, pos avísenme para ir a chismear.

1.- Poner las reglas en el blog. 2.- Compartir seis cosas que me gustan y seis que no. 3.- Elegir seis personas al final y poner los enlaces a sus blogs. 4.- Avisar a estas personas dejando un comentario en sus blogs.

ME GUSTA:

1. El piojis en la cabeza y las coskis en los brazos y la espalda
2. Besuquear a mi señor y la gustola (chiste para Ardilla y Kike)
3. Dormir mucho y con mis gatos
4. El resuello que hace la gente cuando habla con un suspiro para adentro
5. 31 Minutos
6. Platicar y escribir

NO ME GUSTA:

1. La agresividad y la violencia
2. El wasabe, la pancita y las tripas
3. Los intereses bancarios
4. La gente wanabí
5. Las películas de terror, horror, gore y lo que se le parezca
6. El reggaeton


Sale, pues, ¿quién se anima?