lunes, 30 de enero de 2006

¿Por qué no escribo sobre Aarón?


Aarón trajo sus pantuflas de garra a mi casa y se las pone los fines de semana cuando se queda a dormir. Duerme con todos los cojines que a mí me incomodan. Se levanta temprano para hacer ejercicio y se desespera cuando se ve impedido para cumplir con sus compromisos. Encuentra los usos ilegales, secretos, místicos, bélicos y cómicos de la salsa San Luis.

Aarón platica sobre sus motivaciones, sus proyectos y sus retos, siempre con una sonrisa. Se acuerda de un paso de baile de los Duques de Hazard y lo practica en el pasillo. Le gusta limpiar los lugares que nadie ve. Trae su música en emepetrés y algunos manjares en lata. Toma precauciones e improvisa sobre la marcha.

Aarón no me da problemas y sabe escuchar mis controversias. Prefiere la quietud y la soledad, pero disfruta la fiesta y la compañía. Me cuenta historias fantásticas y me protege el corazón con sus realidades paralelas. Comparte sus películas y sus sueños. Charla con mis amigos, con mis abuelos y con sus monstruos imaginarios.

Aarón atiende el trabajo y la escuela en la semana, para poder compartir conmigo el fin. Decora mi departamento y llena de flores mi alma. Moja a mis gatos pero los deja dormir recargados en su pierna. No toma, no fuma, no corre, no grita, no empuja. Diseña creaturas coloridas y otras muy oscuras para decirle al mundo que hay más de lo que se aparece.

Quizá porque no me causa conflicto, quizá porque se volvió parte de mi vida tan rápida y suavemente, quizá porque es mi familia y mi hogar; por eso, casi no escribo sobre él.

Si lo hiciera tendría que relatar intervalos de tiempo, ese que se diluye y se relativiza cuando escucho su risa. Debería hablar sobre la emoción que me hizo sentir cualquier día, pero sólo conozco de cómo se siente su existencia envolvente. Tendría que encontrar algún problema que me causara desconcierto, y sólo sé que su presencia me genera una curiosidad que quiero callar. Si relatara nuestras pláticas, tendría que dar detalles de un acto sumamente erótico sucediendo en un nivel no físico y tendría que referir como analogía la técnica tangible de sus alucinantes manos sobre mi cuerpo para describirlo.

Como no puedo hablar de problemas, de arranques, de distancias, me queda el silencio para disfrutar la tranquilidad de este sentimiento. Me viene mejor quedarme con esta paz de arribar a destino y encontrar un alma gemela para caminar.

Me gusta más dormirme con un suspiro sonriente y un escalofrío delicioso que diga todo lo que no escribo sobre Aarón...

1 comentario:

Pucca dijo...

Eso! escribir sobre el taxista, antros y amigos, incluso sobre los propios sentimientos es relativamente fácil.

Cuando el tema no es tema sino luz, cuando no es una situación sino un espacio de vida, cuando el problema es no tener alguno y cuando los dedos no saben calificar un presente que el corazón goza, se puede no escribir.